Sección Entreojos
Lucía y Joaquín (O Sea: Pimpinela)

Estos Dos La Tienen Clara:
Dicen que pueden ser cursis o cool, pero que merecen respeto. Es cierto, y por eso aquí está la verdadera historia
del dúo que vendió 20 millones de discos, recorrió el mundo, fue copiado sin éxito, fue sinónimo de la grasada y ahora está de regreso como el fetiche menos pensado de la modernidad pop
 

por: Fernando García
Fotos: Claudio Divella/Pimpinela


Pimpinela: Flor hermafrodita de la planta rosácea homónima.
Se usa como tónica y diaforética (Novísima Enciclopedia Magister Sopena, 1961, el año que nació Lucía...)

La nota sobre Pimpinela que usted está empezando a leer podría comenzar de varias maneras. Como cualquiera que eligiese eliminaría de plano a las demás, voy escribirlas a todas.

Va Una: Estoy en el subsuelo de un local de Palermo "Bollywood"(llamado así por su dueño y no en homenaje al masivo cine indio) conocido como
Sonoridad Amarilla: hábitat alimenticio y reductivo ilusorio.
Me encuentro exactamente, en el subsuelo de esta galería de arte off y el dueño, un fotógrafo hiperquinético llamado Francisco, me dice:"Esto (una campana de vidrio con hombrecitos pegoteados en cierta clase de gel) lo mostramos
en Rosario. Vino Joaquín también".
- ¿Que Joaquín?
- Galán, Joaquín Galán es el marido de Viviana (Berco), la artista.

Otra: Estoy en la inauguración de la retrospectiva de Guillermo Kutica en el Malba. Que es un escándalo de gente, que parece la sección vidriera de la revista Noticias en 3D. Me voy a fumar afuera, cerca de la escultura amarilla par-ti-ci-pa-ti-va
que está en la puerta del museo. Ahí escucho la conversación de dos mujeres y un hombre que miran alelados el afiche gigante de Pimpinela, promoción del último disco del dúo, de título Al Modo Nuestro, que está en la vereda opuesta de Figueroa Alcorta, Lucía y Joaquín vigilan la fría noche con sus solapas, binchas y aros de superpop italiano. Con su semblante de fatídico Cinecittà es que le hacen decir a una de estas kuitqueras:" ESTOS DOS LA TIENEN RE CLARA. ESTOS...". Eso dice. Y después pita, y exhala y vuelve a decir: "ESTOS ENTENDIERON TODO". Y todos ríen y son felices entrando y saliendo de esa escultura par-ti-ci-pa-ti-va.

Y Otra Más: Estoy llegando tarde, más de lo sospechado incluso. Estoy atravesando toda la tristeza de la calle Lavalle un domingo a la noche para buscar alocado la ventanilla de prensa del Teatro Gran Rex, donde se escucha una especie de salsa y no se ve a nadie pero a nadie en el pasillo. "Es el último tema", me fulmina la de prensa. Adentro todo es como un extraño sueño: el recital más corto de mi vida. Joaquín hace competir a las mitades de la platea en volumen de aplausos mientras Lucía termina la última canción moviendo graciosamente las manos, metida en su fantástico vestido azulado. Se están yendo y me veo en la extraña situación de pedir ¡ooooootra!, desaforado, sólo por retenerlos un poco más en la memoria.
Pero es inútil, Lucía y Joaquín ya han decidido irse y le han dado instrucciones a la pequeña orquesta para que ejecutes su letal soundtrack de despedida. Una de esas melodías malvicinescas para ir al corte de TV o llegar a Mar del Plata en el cine argentino 69-80. Todo esto bajo enormes banderine de Coto, proveedor del Hogar de Niños Pimpinela...

Lozano Carpenter: Vaya en estas postales un torpe intento por aproximarse a lo que pasa a uno con el mundo cuando pone todos sus sentidos a trabajar sobre Lucía y Joaquín Galán. Aparecen en los lugares más inesperados, haciéndonos ver que en los últimos veinte años esas verdaderas joyas de disparate pop - Los Carpenters reescritos por Lozano Dana para teatralizar los escritos sobre el tabú del incesto de Lévi-Strauss- estuvieron peligrosamente expuestas en el ecosistema como un isótopo de música popular.
Al punto que algunas de las nuevas cosas de las música del 2003 rozan en algún punto al radio isótopo Pimpinela.
Chequeen si no Miranda!, un grupo tecno pop que admite la contaminación en sus letras tele noveleras y que subió al hermano Joaquín al escenario para la presentación de sus disco Es Mentira, en La Trastienda.
Y que además funciona con un tándem de cantantes (un nene, una nena) que se cortejan en escena para representar el romeojuletiaje de las historias que cantan.
Exclusivo: Miranda! y Adicta (ya confirmados), más Leo García (a confirmar), son los que entrarían muy pronto a remixar Al Modo Nuestro, el disco Pimpinela de clásicos del pop italiano.
Chequeen si no a White Stripes, un dúo hombre-mujer de intrigante perfil fundamentalista rocker, que coquetea con una biografía borrosa en la que el guitarrista es hermano de la baterista pero al mismo tiempo se dice que son una ex pareja. Y ellos no se molestan en negar o confirmar.
White Stripes, sí, son yanquis. Vienen del único país del mundo que tiene una de sus ciudades (Hialeah, Florida) un día (el 19 de Abril, desde 1985) dedicado a...¡Pimpinela! Para el entonces intendente de Hialeah, Raúl Martinez, los hermanos Galán hicieron "una contribución decisiva para la cultura hispánica en el mundo".
Y usted no leyó nada. Pimpinela es también el único grupo argentino que aparece en un capítulo de Los Simpson: el dúo aparece mientras Homero revisa su tremebunda colección de vinilos.

Posiblemente, también sea el único par de ciudadanos argentino que haya rechazado alguna vez un cheque por un millón de dólares. Hasta esa plata les ponía un productor europeo en los 80 para que hicieran una película erótica multi X con escenas calientes y todo.

 



Pero la Vida No es Tanto Teatro: Los Galán Son Hermanos y no Amantes... Aunque, ay, basta traspasar la segunda puerta de Aladino Producciones -el búnker de los Pimpi en Abasto- para encontrar un ominoso cuadro con un disco de platino. El albúm se llama Marido y mujer y están ellos, obvio, las cabezas modeladas por el gel.
Si las paredes de Aladino hablasen, contarían historias fantásticas. Como que al año de haber desarrollado el formato, a Pimpinela le surgieron insólitos clones en toda Latinoamérica. O que en las primeras giras los registraban los hoteles como si fueran un matrimonio. Que entre ellos se entienden casi telepáticamente y que viven en el mismo edificio separados por un piso. Que en Nápoles se armaban dispositivos dignos de la inteligencia soviética para que Lucía y Diego Maradona se vieran. Que a Joaquín le pedían que escondiera su pareja para mantener la atracción con las Fans.

Que vendieron veinte millones de discos en veinte años. Que es muchísimo. Que no existe nada igual a esto en ningún lado.

Pega la Vuelta: Ahora mismo detrás de una de las paredes de esta mansión art decó de cuatro pisos -que Joaquín quiere transformar en estudio de grabación e isla de video producciones propias-, se escucha una brutal parodia de Olvidame y Pega la Vuelta grabada por el grupo sevillano Los Mojinos Escozios. "¿Quien es?", dice un cantante, con voz de trueno. "¿Soy yo, tu mujer!", le contesta una soprano que enumera: "Vengo a buscar la bici, las tele, el video...", y sigue.
"El disco lo traje yo. En España me contaron de este grupo que hacía una parodia nuestra, fui y lo compré. Es un grupo bien pesado, son antisociales los tipos", dice Joaquín.
-¿Y, como te lo tomaste?
-Está muy bien. Es un homenaje.
A Joaquín Galán no se le mueve un pelo hablando de la versión "homenaje" del grupo antisocial.
Está todo de jean, pantalón y camisa, como si fuera 1978, el año, entre otras cosas, de las camisas de jean. Me hace pasar a una sala con un espejo increíble, y mientras esperamos que llegue Lucía -viene de grabar su papel en Soy Gitano, la novela del Trece en la que comparte set con otro grande de la iconografía pop latinoamericana, Arnaldo André-,se instala en una computadora a chequear mails. Es una cara ciertamente arquietípica la de Joaquín: mitad Kenny Rogers, el cantor country imposible, mitad Tomás Abraham, el filósofo de lo posible.
Las paredes de Aladino también dicen que Joaquín es u obsesivo de su idea. Que, por ejemplo, para dar con el tono de este disco de canciones pop italianas vio cientos y cientos de horas de filmaciones de la RAI. Que husmeó en colecciones y pagó mucho por copias inhallables de esos programas que en los tempranos setenta eran un must en las teles blanco y negro de este país. Que hizo todo eso para mantener la opereta en pie y darle a la diva el mayor lucimiento vocal de su carrera.

Visto así, Pimpinela parece un sucedáneo de Sony & Cher. Visto así, como se ven Lucía y Joaquín en la tapa de Al Modo Nuestro, parecen la última novedad del easy listening. Que ya está de vuelta pero que a ellos les ha quedado muy bien en este 2003. Así como está, Al Modo Nuestro, con el dispositivo Lucía/Joaquín vintage, no desentonaría en la vidriera de ningún local del Soho porteño. Pero el nombre, guau, es el mismo de siempre: ¡Pim-pi-ne-la! No tan agradable, definitivamente quizás, a ojos del Soho. Imborrable.

La Prehistoria: Así se han hecho notar otra vez, más allá de su público cautivo, porque se apropiaron de una época. O de una sensación colectiva , esas son las canciones de pop italiano. Parole, Parole, alquien tenía que recordarnos esa maravilla, es ahora en la voz de mujer interrumpida por breves estocadas masculinas con audio de teléfono. Es ahora una instroducción de suntuosas cuerdas violentada por un fonazo impertinente. Y así es como los Galán recuperaron el catálogo de Pavone, Mina, Cinquetti, Modugno y demás bajo sus propias reglas. "Si te pones a pensar, estas canciones hace más de veinte años que no suenan en la radio, se perdieron", explica ahora Joaquín.
Pero hace más de veinte años Pimpinela era aún una amenaza latente y la verdad es que los hermanos Galán tenían otro horizonte, uno distinto para cada uno.
Él: Yo tocaba el bajo en Luna de Cristal. Era un grupo de covers, medio pop.
Luna de Cristal era algo así como la segunda generación del aluvión beat argentino. Post Industria Nacional, post Banana, por ahí.
Ella: Yo cantaba en inglés, mucho Carole King, Roberta Flack, cantaba en un grupo de covers soul que se  llamaba Montana.
Montana era parecido a Nomady Soul, que el grupo pre La Torre de Patricia Sosa. Y los dos se peleaban por entrar en los programas de la tele.
Después no quedó casi nada de todo eso (les juró que coló melancolía Lucía cuando se puso a citar a sus cantante anglo favoritas como quien reza el rosario), y así llegamos a 2003, con los hermanos revolviendo canastos en San Telmo a las búsqueda del look Cinecittá de Al Modo Nuestro. "Queríamos reflejar un look años setenta europeos. No yanquis, no la cosa hippie. Más la cosa francesa o italiana", dice Lucía, que parece monopolizar el asunto "vestuario" de esta reencarnación fetichizada por la modernidad.

Grasa o Cool: Así, más o menos, es que lograron reinventar el disparate, después de todo, veinte años después.
"Porque Pimpinela es atemporal, está fuera de las modas. Vos pensá que cuando empezamos en el 82 era todo rock nacional y trova cubana. Y salimos nosotros con esto...que es cualquiera", dice sin problemas Joaquín.

"Y ya formamos parte de la vida de todos. Cursis, grasas, cool o lo que les parezca... Tienen que aceptarlo y respetarnos por eso", suelta tan resfriada como contundente Lucía, que se bastante más pop que Joaquín, con unos anteojos angostos y estilizados.
Hasta aquí Lucía había estado decididamente callada, jugueteando con un sobrecito de crema para el café, escuchando (o no) a su hermano contar los porqué de este disco que, en un principio, iba ser un homenaje a los Carpenters, producido por el mismísimo Richard Carpenters. Ajena casi a la charla, hasta que la conversación derivó hacia la música de adolescencia de los Galán. Y ahí fue que Joaquín empezó a enumerar hits de la radio. Y los Pimpinela discutieron como en la ficción musical.

 

 

Él Dice, Ella Dice: Y la cosa, cuando ellos dos discuten, es más o menos así:

Él: Me gustaba mucho El año del gato, de Al Stewart.
Ella: No, no...Rod Stewart
Él: ¿Rod?
Ella: Sí...Rod Stewart
Él: No. Cat Stevens. Era Cat Stevens.
(N de la R: y era Al Stewart, nomás...)
Es interesante ver como se borra el límite entre los Pimpinela que cantan peleando en el escenario y los hermanos
Galán que discuten en una entrevista. Habrá una segunda oportunidad cuando Joaquín explique como fue que se aplicó el método del "diálogo Pimpinela" a los megaclásicos pop italianos. Un verdadero viaje al interior del estilo.
"El método es tener l letra original adelante, y ahí vas viendo qué estrofa podes adaptar a cada uno de nosotros.
Normalmente, es ella la que empieza las canciones de Pimpinela... El verso siguiente de pronto puede ser unisex, por ahí le retoco dos o tres cositas. Y si es necesario, me juego y le escribo un verso nuevo, para lograr el efecto".
Como fue en el caso de Grande, Grande, Grande:
Joaquín recita de corrido el verso lifting:"contigo es imposible/tratar de comprender/ya lo sé/son tanta tus manías y defectos...".
Lucía se le cuela por un intersticio: "Ésa es la original".
Él hace como que no la escuchó ("no, no es la original", bisbisea sin mirarla), y sigue el verso:"Que ni tú lo sabes bien".
Lucía ¡bravísima!, insiste bajito: "Sí, esa es la original".
Y Joaquín, cansado, arremete: "No. no. Sigue cantando Mina y entonces yo puse..."
Y ahí remata el verso y ya no queda claro si me está diciendo cómo invirtió la sexualidad de la letra o si ahora mismo le está poniendo los puntos a la hermanita menor.
Recita de nuevo:"Eres una niña caprichosa/quieres siempre la razón/rebelde, arrogante y orgullosa/ya no tienes solución".
Deslizo una pregunta sencilla como para salir del pantano en que nos hemos metido.
Quiero saber a quién pertenecía esta mansión art decó que los Pimpinela compraron a bajo precio por su estado calamitoso hace cuatro años.
Él: Bueno, era de una familia
Ella: De una familia que se fue a vivir con los mapuches.
Él: Sí, dejaron todo y se fueron...
Ella: y se entrenaron viviendo un año, los cuatro en una habitación. Dormían en el piso, usaban sólo una pieza de lo cuatro pisos.
¿Se entendió? En el bunker de todos los productos Pimpinela vivía una familia que ahora, dicen, se confunde en una toldería patagónica.
En la casa art decó abandonada por una familia que usaba sólo una pieza de los cuatro pisos, ahora brillan retratos y discos de oro y
platino con dos hermanos que dramatizaron todas las situaciones de pareja en un borroso ir y venir de realidad y ficción (pregúntenle
al productor europeo) con un formato ("el diálogo Pimpinela) del que no parecen tener la menor intención de escapar y que, acaban de
descubrir