El Hogar Pimpinela para la Niñez abrió sus puertas a los niños el 2 de Julio de 1996 en el edificio de la calle Zufriategui 3559/61 (Foto), Florida, Partido de Vicente López (Buenos Aires - Argentina).
Comenzó la actividad con 9 niños a los que se fueron agregando un grupo de 4 hermanos, luego otro de 6, dos de 3, cinco de 2, dos bebes y finalmente dos hermanas, todos derivados por el Consejo Provincial del Menor y la Familia de la Provincia de Buenos Aires.
En la actualidad la población infantil es de 25 niños, ya que algunos han retornado al seno de su familia biológica y otros han salido en adopción.
Su crecimiento paulatino ya estaba previsto en el proyecto inicial, como también podrá tener filiales, representaciones o delegaciones en cualquier punto de la república.

 

Luego de recorrer durante quince años toda Latinoamérica y parte de Europa con su música, Lucía y Joaquín Galán, nunca han sido ajenos a la gran problemática en común a todos los piases, el abandono, el mal trato y desnutrición de los niños.
Es así que comenzaron a hacer un trabajo silencioso por cada rincón de estas ciudades, visitando hospitales, participando en forma gratuita en obras benéficas y siendo la imagen de Instituciones tan serias como "World Visión" (USA) o "Amarce" (México).
Pero ellos querían crear su propia casa, no por una cuestión de vanidad, sino porque de esa manera, verían crecer junto a los niños un sueño buscado desde hace mucho tiempo, aportando su pequeño grano de arena en el crecimiento de algunos chicos.
En el marco de este compromiso surge el nombre de Hogar Pimpinela para la Niñez, vinculando así su nombre, trayectoria, relaciones e imagen altamente identificada con la familia en general y con los niños en particular.

 

 

 

El Hogar desarrolla su actividad en una casa propia donada por la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires con una superficie de 170mts libres y 360 metros cubiertos, distribuyéndose allí los dormitorios, galerías, living, comedor, áreas de recreación, enfermería, cocina, patios, jardín, depósitos, sectores administrativos y servicios.
Los niños llegan al Hogar, algunos con la gran problemática común de falta de recursos económicos de sus padres, otros con rasgos de malos tratos, abusos sexuales y huellas, no solo físicas sino psíquicas y afectivas que son las más duras de curar.
Para tratar de superar todas estas limitaciones y sus consecuencias, una gran cantidad de profesionales trabajan volcando en ellos, no solo sus conocimientos sino principalmente amor y contención. Junto a los voluntarios forman lo que podría llamarse, una GRAN FAMILIA...

 

Allí viven como en una casa, pero no encuentran sólo un plato de comida, un techo y una cama... se los lleva al colegio, al Jardín de Infantes fuera del Hogar, acompañándolos en sus tareas y deberes y teniendo presencia física en reuniones de padres, con maestros, actos de fin de curso, etc.
A su vez, en el Hogar tienen clases de dibujo, gimnasia, teatro, repostería, costura, jardinería y otras actividades recreativas como excursiones a museos, cines, teatros y paseos en general.
El Hogar Pimpinela no es un lugar de tránsito, esto significa que los niños allí derivados vivirán en la casa el tiempo que fuere necesario como para lograr el objetivo primordial: "Formar personas sanas física y espiritualmente, volver a inculcarles la confianza en si mismos, darles estímulos y motivarlos para convertirse en ciudadanos sensibles, solidarios y con posibilidades y conocimientos, a fin de desenvolverse e integrarse en el medio social".

 

 

 

Hace muchos, muchos años, comenzó un sueño.
A lo lejos era algo imposible de concretar. ya que no dependía totalmente de nosotros. Siempre escuchábamos que cuando uno desea algo muy fuertemente y a eso se le agrega fe, amor y optimismo nada es imposible. Y hoy, luego de casi cuatro maravillosos años esas 26 caritas nos demuestran todos los días que todo eso y mucho más es posible. Queremos agradecer a Dios por habernos dado ese empujoncito que faltaba, a nuestras respectivas familias por su apoyo y su integración desde el alma con esto, a nuestra madre que con ella todo es mucho más fácil. A tanta y tanta gente, algunos conocidos y otros no tanto, pero unidos sin que ellos sepan en un mismo objetivo: AYUDAR. Gracias, gracias a todos, a ustedes que si están leyendo esto ahora, es que algo les interesa. Pero a los que queremos agradecer desde nuestro corazón es a estos "hijitos" que nos enseñaron tanto desde el d
ía que llegaron, con esas caritas de miedo y desconfianza; y que nos siguen dando tanto amor con sus logros, sus primeras frases leídas o escritas, sus sonrisas, y lo que es más lindo... esos abrazos desde muy dentro de su alma, desde ese lugar que les dice que no tengan miedo a nada, que confíen en si mismos, que son lo más valioso del mundo y que con esa misma fe, amor y optimismo, también van a poder concretar todos sus sueños.

Los Amamos!

 

 

Una entrevista de Revista Don Orione con:

Lucía Galán Agradecida desde el compromiso

 

- ¿Cómo es el Hogar Pimpinela para la Niñez?


- Es una casa que tenemos en Villa Martelli donde viven 25 chicos. En el hogar hay 15 profesionales que se ocupan de todas las necesidades de los chicos. Desgraciadamente desde que cambiaron las autoridades en la Provincia de Buenos Aires, sin ningún tipo de explicación, se nos retiró una ayuda que teníamos del Banco Provincia. Sin los subsidios tuvimos que asumir nosotros el total sostenimiento del lugar, sin poder crecer como teníamos previsto. La psicóloga o la psicopedagoga no son voluntarias, viven de su profesión y hay que solventar esos costos.
Tenemos también un proyecto para más adelante. Queremos hacer un centro de día para estimulación temprana y trabajo con chicos down, desde bebés. Sería gratuito y asumiría una tarea de apoyo a las familias. Yo estudié mucho el tema, leyendo y contactándome con profesionales que trabajan en ello. Queremos que sea un instituto muy moderno y muy avanzado.


- ¿Quiénes son los responsables de la situación de marginación que viven los niños en nuestro país?


- Los responsables de lo que está pasando son los que están en el gobierno, pero no los que están ahora, sino los que han estado siempre en el gobierno. Son ellos los únicos que tienen la posibilidad de revertir el tema. El tema del menor no les interesa demasiado porque no es número de voto. Si los chicos empezaran a votar todo cambiaría en forma milagrosa.
Cuando hace unos años visitábamos otros países de América Latina nos alejábamos un poco del centro de algunas ciudades y las condiciones de marginación nos atemorizaban. Hoy vemos estas condiciones de pobreza en nuestro propio país: donde la clase media está desapareciendo en forma vertiginosa, donde cada vez hay más mujeres con bebés pidiendo limosna y donde la gente no se da cuenta que esos chicos que hoy piden pueden ser unos futuros padres de familia maravillosos o unos resentidos delincuentes. El gobierno debería darse cuenta de que apoyando a las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que están en el tema todo sería mucho más económico. El gobierno invierte por cada chico que está en un instituto entre 2.000 y 3.000 pesos por mes y la beca que le da a una ONG son 270 pesos por chico por mes y con eso se hacen milagros. Habría que apoyar a las ONGs y no castigarlas, sacándoles las ayudas. El gobierno debería darse cuenta que es más beneficioso controlar a las organizaciones que se le dan subsidios en vez de hacer emprendimientos propios, que le resultan más costosos.


- Todo este camino que has venido haciendo, ¿cambió tu mirada de Dios?


- No, eso no se modificó. Siempre Dios da propuestas y el hombre sea cura, panadero o político las canaliza como le conviene, para bien o para mal. Siempre estuve muy cerca de Dios. No tanto para pedir, como para agradecer. Soy muy devota de la Virgen María. Voy todos los años a San Nicolás. Cuando voy a México, visito a Ntra. Sra. de Guadalupe. Mi hija se llama Rocío y la bautizamos en la Ermita del Rocío en Sevilla, España. Me siento muy cerca de ella, tal vez porque siempre está cuando tiene que estar. Siempre me he sentido muy amparada y cuidada por ella.


- A parte de la voz, ¿qué otros regalos sentís que Dios te dió?


- Cuando comenzás a relacionarte con chicos abandonados, empezás a agradecer y valorar los padres que te tocaron y en la forma que te educaron. Y creo que hay que agradecerse a uno mismo el haber sido buena hija, buena hermana, buena novia, buena amiga, al menos haber tratado serlo, con todas las equivocaciones que aparece en la convivencia. Dios me dio un montón de posibilidades, las supe ver y las supe aprovechar bien.

 

- ¿Cómo nace la inquietud de acercarte a la obra de Don Orione?
- Lo que siempre admiré de alguien es su solidaridad con los demás. Este es un tema central en el que quiero educar a mi hija. El poder mirar afuera de nosotros nos da la total dimensión de lo que somos y de dónde estamos parados. A lo largo de nuestros años de carrera, mi hermano y yo hemos visitado en el exterior orfanatos y hospitales, llevando donaciones o yendo a cantar o de visita (ver recuadro). Hace cuatro años formamos nuestro propio hogar, el Hogar Pimpinela para la Niñez en Villa Martelli. Siempre nos interesaron este tipo de cosas. A través de una amiga nuestra, Marta Pascual, que trabajó en el Consejo Provincial del Menor hace algunos años, conocí más de cerca la Obra de la Divina Providencia. Si bien antes sabía de la obra de Don Orione, de lo que él había hecho, de cómo trabajaban los sacerdotes que estaban en esa comunidad nunca había ido a visitar un cottolengo. Hace dos años fuí al Cottolengo de Claypole, conocí a algunos religiosos que estaban ahí y nos hicimos muy amigos entre todos, especialmente con el padre Coqui. Yo fuí sola en esa primera visita, inmediatamente se organizó otra para ir a cantar. En esa oportunidad fuí con Joaquín, mi hermano. Y cada vez que vamos es una fiesta para nosotros. Uno se siente muy querido por los sacerdotes y los chicos que allí viven. En Claypole hay un chico down que es como mi secretario privado, Walter. Cada vez que voy está al lado mío y, él y Romina me organizan toda la visita. Con ellos tenemos nuestros propios códigos con los que nos entendemos a la perfección. A partir de ir a ese cottolengo comencé a visitar todos los demás: Tucumán, Córdoba, Victoria y México.


- ¿Qué sentís cuando cantás en los cottolengos?


- Cuando canto adelante de los chicos soy plenamente consciente de los dones que me dió Dios. Cuando actúo frente a un público que ha pagado la entrada, es mi trabajo, cobro para eso. Puede ser que algún show me salga mejor que otro, de todas formas uno es un profesional. Pero los chicos del cottolengo tienen una transparencia, una inocencia y una lucidez que va más allá de todo. Entonces la cosa cambia, porque quieren todo de vos, y vos les entregás todo, sin guardarte nada. En esos momentos siento una profunda emoción y un terrible agradecimiento de poder cantar. Ellos no reconocen determinadas cosas pero sí te conocen, conocen tu música, cantan tus canciones, eso es muy impactante. Tengo un gran agradecimiento cada vez que puedo ir a compartir con ellos esa experiencia.


- ¿Cómo es el acercamiento que tenés con los chicos?


- Comparto con ellos todo el tiempo. Camino por todos lados. Me llevan a los lugares donde viven. Se cuelgan como veinte de cada brazo. Me agarran del pelo porque les causa mucha impresión el color rojo. Me hacen reportajes y nos divertimos muchísimo. Es fantástico lo que ves en sus ojos cuando te dicen, te quiero mucho. Porque de lo que uno más se nutre es de ese contacto personal con ellos. Uno sale del cottolengo renovado. Es verdad lo que decía Don Orione que cuando una comunidad de la Divina Providencia se instala en un lugar no es la comunidad la que beneficia el instituto, sino el instituto el que beneficia a los que están a su alrededor.


- ¿Qué descubriste en las visitas?


- A pesar de haber ido siempre a colegios religiosos, el tema del sacerdocio había sido siempre para mí un tema conflictivo. "Un cura da misa, confiesa y ¿qué más hace?". Estas comunidades religiosas de los cottolengos contestaron mi pregunta. Siempre entendí la vocación religiosa como un servicio total. Y ver a tantos religiosos jóvenes (sacerdotes, hermanas y hermanos), que están al servicio de toda esta gente me impactó mucho. Me conmueve que alguien deje su vida cotidiana habitual para hacer un servicio a Dios a través de todos estos chicos. Aprendí a admirarlos. Porque evidentemente cómo relacionarse con los chicos ha sido una línea de formación muy clara de Don Orione que la obra sigue con total coherencia. Lo particular de todas las comunidades de Don Orione es la alegría con la que se trabaja y se vive. No es la imagen del sacerdote distante y al que por respeto nadie puede hablarle o tocarlo. Los chiquitos lo demuestran, porque ellos no se acercan a cualquiera. Se nota cuando los abrazan, cuando les hacen chistes.


- ¿Te interesa difundir por los medios estas visitas?


- No me parece bueno publicitar todo lo que uno hace en este terreno. Sólo lo hacemos cuando vemos que puede serle útil al lugar donde vamos. Para que de esa manera la gente lo conozca y colabore, sino no. Es algo que nos nutre a nosotros por dentro, más que estar pendiente de la foto. Es más lo que los chicos nos dan a nosotros, que lo que nosotros podemos darle a ellos. Yo canto, pero yo nací cantando. No es para mí un gran mérito al esfuerzo, simplemente me perfeccioné en mi profesión. Estudié y me interesé por todo lo relacionado con el arte. Creo que es un intercambio maravilloso de sensaciones donde ciertamente salimos ganando.

 

Fuentes:

http://www.donorione.org.ar/Oficina/cafecito/luciagalan.htm

http://www.550m.com/usuarios/pimpinela

 

 

 

 

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